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Confundir recuerdos reales con recuerdos generados por nuestro inconsciente es algo natural en el ser humano. Un grupo de científicos se ha esmerado en descubrir cómo diferenciarlos investigando las zonas del cerebro que activan los recuerdos reales y los falsos.
Antoni Rodríguez-Fornells, profesor de investigación en el Campus de Ciencias de la Salud de Bellvitge (en Barcelona), lidera el grupo de especialistas que ha realizado pruebas a 48 voluntarios para diferenciar los dos tipos de reminiscencia según el paradigma DRM (siglas que provienen de las iníciales de los autores: Deese, Roediger y McDermott). El procedimiento DRM, utilizado en psicología e ideado en 1959 por James Deese, permite producir y diferenciar la memoria ilusoria en laboratorio. Durante varios años la técnica fue olvidada hasta que Roedinger y McDermott la volvieron a poner en práctica en 1995.
Las pruebas consistieron en un test de memoria donde los voluntarios memorizaron un listado de 14 palabras. Estos términos deberían de escribirlos a continuación para demostrar cuantos recordaban. Mediante una nueva técnica de diagnóstico con imagen a partir de tomografía por resonancia magnética estructural (MRI), Difusion Tensor Imaging (DTI), estudiaron la sustancia blanca del cerebro que se activaba al intentar escribir las palabras que habían memorizado.
Posteriormente sometieron a los voluntarios a escuchar una nueva lista en la que se mezclaban los 14 términos con nuevos términos que no se encontraban en el listado. Algunas palabras nuevas tenían relación semántica evidente con las 14 del principio, las llamadas ‘palabras críticas', y otras no. En el resultado, tres de cada cuatro voluntarios afirmaban que alguna de las palabras con parecido semántico aparecía en el primer listado.
Ejemplifiquemos: Si la lista del principio contenía las palabras día, oscuridad, luna, estrellas, sol y dormir, se incluirían nuevos términos como mesa o caballo, y un ‘término crítico' que podría ser noche. Esta ‘palabra crítica' no aparece en el primer listado, pero tiene una relación semántica que facilita que el individuo la genere en su ‘memoria ilusoria', crea que sí pertenece al primer listado.
Gracias a la DTI, los científicos catalanes observaron cómo las palabras que el individuo había visto en la primera lista estaban asociadas a zonas del hipocampo y del parahipocampo. Aquellos términos que recordaban erróneamente activaban la sustancia blanca del fascículo longitudinal superior. Los recuerdos falsos y los verdaderos provenían de distintos lugares de la sustancia blanca.
Ahora sabemos que aquellos recuerdos de nuestra infancia que nuestros padres nos obligaron a escuchar una y otra vez hasta que los asociamos a nuestra percepción no provienen de nuestra experiencia. Algo que parece poco útil mientras no se piense en las posibilidades judiciales que tendrá para testigos con traumas o que les cueste diferenciar la realidad. Sin contar el avance que supone en la confección del mapa cerebral y la comprensión de su funcionamiento.
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