Aproximadamente nueve décimas partes de la tecnología y el combustible empleados para cualquier viaje espacial son destinados al despegue y a los primeros kilómetros que evitarán la gravedad terrestre. La idea de un ascensor espacial sería un avance revolucionario para la astronáutica.
El concepto de ascensor espacial ha formado parte de los mitos de la ciencia ficción hasta hace muy pocos años. La revolución científico-cuántica ofrece una respuesta a la gran traba que encontraba la tecnología a la hora de llevar a cabo este sueño de la ficción. Los nanotubos de carbono, tubos generados atómicamente que poseen mayor resistencia que cualquier otra materia conocida, serían capaces de soportar la tensión generada por el peso una máquina de estas características.
Bradley C. Edwards, antiguo ingeniero de la NASA, asegura que la tecnología para el ascensor espacial ya está disponible. Su costo sería diez veces menor que el de la Estación Espacial Internacional (ISS) y podría estar operativo en 15 años. La longitud del invento sería mayor a 35 mil kilómetros desde la superficie terrestre. El cable que sustentaría el ascensor no superaría el milímetro de grosor.
Este cable se mantendría rígido mediante la propia fuerza de gravedad terrestre. Según Edwards, uno de los extremos debería ubicarse en alguna parte de Sudamérica cercana al ecuador terrestre. Su base sería una plataforma marítima, similar a las petroleras. Se ubicaría en el océano evitando zonas propensas a tormentas, vientos o corrientes, y con escaso tráfico aéreo.
Respecto al extremo superior del ascensor, lo más adecuado sería construir una estación espacial que tensara el cable ayudando a ejercer la fuerza centrípeta de la tierra. Esta estación debería propulsar los objetos transportados al espacio. De esta manera, se podría enviar una nave a Marte sin utilizar ningún tipo de combustible.
La NASA lleva varios años incentivando con concursos el diseño del elevador. La tecnología todavía tiene que lidiar distintos problemas para su realización. El robot elevador debe soportar la presión atmosférica y se tiene que desarrollar algún tipo de energía capaz de movilizarlo, bien sea solar, eólica...
El científico de la Agencia Espacial Europea (ESA), Age-Raymond Riise, propone un modelo de elevador que se suministre de leves sacudidas mecánicas rítmicas en su base para llevar a cabo el ascenso de la cabina.
La compañía LaserMotive expone cómo el robot podría trepar por el cable gracias un rayo láser que impulsase mediante microondas el ascenso. LiftPort, otra empresa privada muy interesada en el elevador, confía en el láser y describe cómo el robot treparía por una cinta plana de casi un metro de ancho y menos de un centímetro de grosor.
Anualmente se realizan reuniones tecnológicas que exponen prototipos para el ascensor. El blog de la conferencia anual (The Space Elevator) reúne a cientos de ingenieros que ya ven, en el ascensor espacial, el inicio de una nueva era para la humanidad y la conciencia planetaria.
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